10 consejos de lectura para convertirte en un superlector

Lectura de fantasía

¿Sabías que Anne Jones, Récord Guinnes de lectura, lee 4700 palabras por minuto? Déjame que te traduzca la cifra: se leyó Harry Potter y las reliquias de la muerte en 47 minutos.

Y aquí estamos tú y yo… Bueno, no sé tú, pero yo leo bastante más despacio.

Es más, me costó sangre, sudor y lágrimas convertir la lectura en un hábito real.

No es que no me gustara leer. Me encanta. Pero leer es un hobby que no se lleva bien con una vida de estudiar, trabajar, ver a tu familia y dar de comer a tu dragón. En los tiempos que corren, cualquier trabajo o estudio tiene una buena dosis de lectura de artículos, informes o libros. Y cuando acabas tus obligaciones has llegado a tu límite de energía disponible.

Lo último que apetece es ponerse a leer ―más―.

No te preocupes, te entiendo.

Pero no todo es tan tétrico. Hay luz al final del túnel. Aquí te dejo diez consejos que a mí me han servido. Nada de promesas de leer como Matt Damon en el Indomable Will Hunting, sino de leer por gusto. Por gusto. Y hacerlo eliminando la palabra “obligatorio” de la ecuación.

1. Lee en tus horas activas

 La primera en la frente. Que levante la mano quien no haya pecado de leer los diez minutos antes de dormir, cuando damos tantas cabezadas por minuto que corremos serio riesgo de descoyuntarnos.

Ni uno se salva, ¿verdad?

Uno de los principales problemas que yo tenía era que leía estando destrozado: antes de dormir, después de comer… etc. Y claro, cuando llevaba dos páginas empezaba el festival de bostezos.

Déjame aconsejarte: esto no es una buena idea.

El primer motivo es que antes de cerrar los ojos leemos mecánicamente (sin entender nada) durante cierto tiempo. Cuando vuelves a espabilar has avanzado media página de la que habrás retenido un 0,7% (estadística real, datos de la Institución Nacional de Siestas). Al darnos cuenta tenemos que volver atrás y releer.

Extremadamente ineficiente.

El segundo es casi más grave: el cuerpo tiene memoria y funciona por asociación. Si asocias abrir un libro con pegar un coscorrón después de comer, cada vez que intentes leer tendrás esa tendencia a abandonarte al sueño cual gato en un brasero, o encima de la ropa limpia, o encima de los apuntes de la universidad… Mejor dicho, a un gato en cualquier circunstancia.

Gato durmiendo en sala de lectura
A ver, Señor Bigotes, si no vas a leer déjame a mí el puff

Para gente muy ocupada: resérvate momentos más cortos si no puedes encontrar uno largo en tus horas activas (ratitos de quince minutos o de veinte, no es necesario más) y te sorprenderá ver lo que avanzas cuando no tienes que releer una y otra y otra vez.

2. Elimina distracciones

Lo pongo así, en general, pero te voy a contar un secreto: con poner el móvil en modo avión estás eliminando el 90% de las distracciones que tenemos cuando leemos.

Leer es una actividad tranquila, pero requiere de toda tu atención.

¿Cuál es el candidato del siglo a absorber toda tu atención, incluso por delante de los memes de Baby Yoda? Acertaste, tu Smartphone.

Aunque parece muy intuitivo, nuestro impulso de comprobar si tenemos notificaciones supone abandonar nuestra lectura, quizá hacer scroll tonto durante un minuto, y retomar el hilo de lo que estábamos leyendo. Una cantidad indecente de minutos y energía perdidos por no mantenernos concentrados.

Tengo muchas cosas que hacer: insisto, 15 minutos de lectura de calidad son mucho mejores que 45 dispersa e interrumpida. Desaparece solo veinte minutos al día. Mark Zuckerberg no va a matar a ningún gatito si lo haces.

3. Márcate un objetivo diario

Otro problema muchas veces es que nos sentamos a leer sin un objetivo específico. Y como no tenemos una meta que alcanzar leemos más despacio de la cuenta. Al rato miramos el reloj y decimos: «bien, los veinte minutitos de hoy». Y has avanzado dos páginas y media porque la mitad del tiempo estabas pensando en las musarañas.

Márcate un objetivo diario mínimo (que sea compatible con tu horario) y cúmplelo religiosamente. Si cuando lo tengas tienes ganas de seguir leyendo, sigue. Y si no tienes ganas de seguir, habrás dado un pasito más en la construcción del hábito.

No insistas, que no puedo, Álvaro: 10 páginas por día, 70 por semana, 280 al mes. En un mes y medio puedes haberte leído ese libro con el que no avanzas. Y las 10 páginas las podemos dividir en dos ratitos (eficientes) de 10 minutos cada uno. Hago las cuentas porque cuando yo tenía problemas para avanzar en mis lecturas, no me lo explicaba. El motivo era que me auto-convencía de que no tenía tiempo para leer. Y a lo mejor empalmaba varios días sin tocar el libro. Claro, así es normal que el marcapáginas no se mueva de donde está.

4. Fabrícate un ambiente propicio

Si te gusta el silencio, vete a un sitio silencioso. Si te gusta el aire libre, busca un banco tranquilo en un parque cerca de casa. Si te gusta leer con música instrumental, haz una lista de Spotify que esté chula ―¡y nos la pasas a los demás!―. Te guste lo que te guste, encuentra la forma de tenerlo mientras lees. Conviértelo en una rutina para ti, para desconectar, para disfrutar de la lectura.

Personalmente, mi ambiente propicio pasa por tener un ruido suave de fondo, como el ruido de lluvia. ¡Pero no hace falta esperar una borrasca para sentarse a leer! En Youtube tienes literalmente millones de vídeos con ruidos de naturaleza. Busca el que más te guste.

Yo utilizo la página Rainy Mood, bendita sea su URL. También tienen una app para llevarla en el móvil. En el modo gratuito tienes la tormenta, donde puedes modificar parámetros como el canto de pájaros, los truenos o la propia lluvia. Pero es que por un café de Starbucks puedes tener la versión de pago, con sonidos de océano, campo y cafetería. Y tiene un temporizador para usarlo y que se apague al dormirte. In love con esta app.

Asegúrate de no tener hambre o sed, y de estar a la temperatura ideal ―las mantitas en invierno están muy cotizadas, todo un clásico con un café o té de por medio―, para minimizar las interrupciones.

Peluche aplicando los consejos de lectura
Tampoco os paséis con la comodidad, que si no estos consejos, más que para leer, van a ser para conciliar el sueño mejor

5. Lleva siempre un libro contigo

Mira, te voy a contar un secreto. Me encantan los libros con tapa dura, prólogo, mapa ilustrado, comentarios del autor y sobrecubierta. Y a mi presumida estantería, también.

Pero seamos sinceros: esos libros no son manejables. No son la clase de libro que te llevas al metro metidos en un bolso/cartera ―salvo que vayas a una competición de crossfit y pretendas utilizarlo para levantar peso muerto―.

Llevar un libro siempre contigo te va a ayudar en tu objetivo, y va a amenizar esos miles de inconvenientes diarios que ahora te hacen maldecir por todos los Lannister: ese atasco infumable, esa cola en la «inserte aquí la institución pública que desee», esa huelga del metro de la que todo el mundo se había enterado menos tú…

Ese molesto contratiempo puede ser ahora uno de los mejores momentos del día para dedicártelos a ti.

¡Que no tengo tiempo!: explora el mundo de los audiolibros. En el coche, en el gimnasio, de vuelta a casa de la oficina… ¡Ya no hay excusa para no leer (escuchar) buena literatura!

6. ¿Libro corto o libro largo?

La respuesta es sencilla: depende. Pero si lo que me preguntas es: ¿cómo es posible que haya gente que lee sesenta libros al año y ni se despeina? Mira, yo no sé exactamente lo que hacen, pero si sé lo que no hacen: no leen todos los libros de George R. Martin uno detrás de otro.

Son cuentas sencillas: un libro de este señor ―o de Abercrombie, o de Sanderson, o de cualquier otro de ese tipo― son tres de Victoria Schwab. Es así. No por leer libros de 300 páginas en lugar de libros de 700 eres peor lector. Altérnalos. Y si solo te gusta leer libros cortos, pues perfecto está. Y si solo te gusta leer libros largos… No creo que te sea fácil llegar a esa cifra de 60 libros. Y si lo consigues, aquí tienes un admirador.

Pero recuerda: esto va de leer (más) por gusto. No estamos en una carrera. ¿Qué sentido tiene correr mucho si no disfrutamos del camino?

Lo que sí es verdad, es que enganchar muchos libros muy largos suele tener un inconveniente: estos libros tienen partes más trepidantes, y otras más lentas en las que leemos menos. Tú, yo, Anne Jones y quien sea. Y así es como ese libro largo sigue ahí, poniéndonos cara de cordero degollado durante semanas. Llega un momento en que nos preguntamos cuánto tiempo llevamos anclados en el mismo libro, y cuando calculamos la cifra es como si nos pegaran con un mazo de desmotivación al rojo vivo.

Alternar libros largos y libros cortos da la sensación de dinamismo, de avance. Y la energía llama a la energía: cuanto más leas, más sentirás que estás avanzando. Y esa es la mejor forma de mantener alta la moral.

7. Abandona lecturas que no te convenzan

Esto tendría que estar en la Constitución. Y no al final. Al principio, con los artículos importantes. Según la UNESCO, se publican (aproximadamente) 2,2 millones de libros al año. Y según Emily Temple, que cruzó datos de varios estudios y publicó sus resultados en este artículo, leerás a lo largo de tu vida entre 2000 y 4000 libros, siendo generosos.

Supongamos que lees 3000 libros de aquí al final de tus días. ¿Sabes cuántas vidas tendrías que vivir para leer los libros publicados, repito, en 365 días? Setecientas treinta y tres. Y te lo pongo con letras, así, que abarque espacio.

Literatura fantástica en una enorme biblioteca
Salvo que seas Dorian Gray, necesitarás 26 giratiempos si quieres leerlos todos…

Te cuento todo esto ―primero porque es curioso, y segundo― porque durante muchos años me forcé a acabar los libros que empezaba. Aunque me parecieran mal escritos o un petardo monumental. No seas como yo. Abandona todo libro que en sus ochenta o cien primeras páginas no te haya interesado. Dale carpetazo.

Hay, literalmente, millones de libros ahí fuera esperándote. Y por pura estadística, alguno te tiene que enganchar más que ese que no para de hacerte bostezar.

Si necesitas opiniones para futuras compras recuerda que tienes mis lecturas recomendadas, que son muy majas y sin spoilers.

8. Cambia de género de vez en cuando

Está bien saber lo que nos gusta. Pero también tenemos que explorar y descubrir nuevas experiencias. Nuestros gustos cambian, evolucionan ―a veces involucionan―, se transforman…

Sin embargo, por mucho que nos guste la fantasía, el cerebro se acostumbra si le damos siempre el mismo estímulo.

Y el resultado es la desmotivación.

Muchas veces no nos apetece otra historia de magos y dragones. O a lo mejor sí, pero en lugar de algo más oscuro y sangriento queremos una historia más esperanzadora, o quizá queremos echarnos unas risas y desconectar; otras, queremos reflexionar sobre la grandeza de la existencia… Afortunadamente, hay un tipo de fantasía para cada estado de ánimo.

Y si no, no olvides que hay mucho mundo más allá de Narnia, Westeros y Nunca Jamás. Prueba con una novela de Ciencia Ficción, o una de Terror, o quizá Histórica… Cualquier cosa que te llame la atención.

Eso sí, si vas a experimentar con un nuevo género, elige bien. Haz un par de búsquedas en Google sobre la mejor obra para iniciarse en el género en cuestión, y escoge una novela ligerita. Pretendemos expandir nuestros horizontes, no huir despavoridos con el rabo entre las piernas.

9. Relee tus libros favoritos

Este es uno de mis consejos favoritos.

Relee. Vuelve a esos mundos en los que fuiste feliz, en los que viviste aventuras imaginarias que cambiaron para siempre tu mundo real, en los que conociste a personajes que no existen más que en el papel y en tu corazón.

Vale, ya paro, que me pongo sentimental.

Pero en serio, releer tus libros favoritos puede ser una estrategia perfecta cuando atravesamos un bloqueo lector. Allí sabes que vas a disfrutar y sabes qué esperar. Y no tendrás que encontrar fuerzas extra para seguir adelante.

10. Comparte tus lecturas

Último consejo y uno de los más importantes. Leer es una actividad que puede resultar solitaria. Y no me malinterpretes, eso está genial ―casi todo el tiempo―. Pero como todo tipo de arte, carece de sentido si no es compartido de alguna manera.

Anímate a comentar esa última lectura que has hecho. Pregúntales a tus amigos qué libros aman y cuáles odian. Pídeles consejo. Nútrete de las experiencias de otros.

“Álvaro, es que a mis amigos no les gusta hablar de libros”.

Búscate unos nuevos.

Vale, no siempre es posible. A veces les coges cariño y ya te da cosa deshacerte de ellos. Si ese es tu caso, me complace decirte que vives en la sociedad más conectada de la historia. ¡Utiliza las redes sociales! Hay cientos de grupos de Facebook, canales de Youtube, redes sociales basadas en libros (Goodreads, Alíbrate…), Instagram… Todo a tu alcance, a un solo click.

Utiliza el medio que quieras, pero no te quedes esos mundos para ti solo. Compártelos. Comienza por los comentarios, aquí más abajo. Dime que libros te hicieron enamorarte de la lectura, y cuáles ―ojalá sean menos― te hicieron detestarla. Dime qué te parecen estos consejos y cuáles crees que faltan.

Nos leemos pronto.

2 Comments

  1. Natalia
    21 marzo, 2020

    Me considero una amante de la literatura fantástica, y sin duda hay muchos libros que marcaron mi infancia: Harry Potter, Memorias de Idhun…
    Sin embargo le tengo un especial cariño a Marina, de Carlos Ruiz Zafón. Es uno de esos libros que me marcaron, no se muy bien por qué, probablemente porque llegan en momentos especiales y oportunos.
    ¡Gracias por todos tus consejos! Los llevaré a la práctica 🙂

    Responder
    1. Álvaro Paris
      21 marzo, 2020

      Hola, Natalia. Muchas gracias por comentar.

      Desde luego, Harry Potter y Memorias de Idhún son dos míticas. Marina aún no lo he leído, de Zafón solo he leído la Sombra del Viento, y desde luego me encantó. En mi caso, el libro que me marcó en ese momento especial y oportuno fue La Fraternidad de Eihwaz, de César Mallorquí. ¡Espero que te ayuden estos consejos! Ya me contarás. Un besote

      Responder

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