La rueda del tiempo (serie)

¿Merece la pena la serie de La rueda del tiempo?

Hace ya tiempo que llegó a nuestras pantallas La rueda del tiempo, una apuesta fuerte por la fantasía de Prime Video, buscando recoger el testigo que han dejado otras superproducciones del género como Juego de Tronos.

Te conté sus expectativas en este artículo con los estrenos más esperados de lo fantástico.

¿Ha conseguido superar las expectativas puestas en su estreno? ¿Merece realmente la pena?

Te lo cuento. Sin spoilers, claro.

Una de las sagas más vendidas

La rueda del tiempo es una obra de alta fantasía escrita por Robert Jordan y concluida, tras la muerte de su autor, por Brandon Sanderson.

Abarca catorce volúmenes en su publicación original (veinte en algunas editoriales), y es la cuarta saga de fantasía más vendida de la historia. La segunda si hablamos de fantasía épica, solo por detrás de El señor de los anillos.

Esta obra cuenta la historia de Moraine Damodred, una Aes Sedai (sacerdotisas capaces de encauzar el poder único) que busca a la reencarnación de El dragón renacido. Dicho título se refiere a la persona capaz de enfrentarse al Oscuro, condenándole a otro ciclo de encierro o a unirse a él y poner el mundo patas arriba.

En su camino, Moraine da con cinco jóvenes que tienen potencial para ser el dragón, y parte con ellos en busca de un destino que puede salvar a la humanidad o condenarla.

Adaptación a la plataforma de Amazon

Prime Video se ha tomado en serio lo de la producción de material fantástico. No en vano, tiene en marcha varias superproducciones, como la que tenemos entre manos o la de El señor de los anillos, la serie más cara de la historia.

Para La rueda del tiempo, aun así, tampoco han escatimado en gastos. Cada capítulo de esta serie ha costado alrededor de 10 millones, superando así a los 6 por capítulo que costaron las primeras temporadas de Juego de Tronos.

La apuesta sobre esta historia por parte de la compañía es tan fuerte que confirmaron la segunda temporada antes de haber estrenado la primera.

Por lo que deberíamos preguntarnos: ¿estaba justificada tanta confianza?

La serie de La rueda del tiempo es una gran serie. Con algunos defectos, pero con muchas fortalezas.

Vayamos primero a lo malo.

Un elenco desigual

Una de las principales bazas para la publicidad previa a su estreno de la serie fue el panel de actrices y actores que actuarían en la serie.

Y si bien la mayoría de ellos son bastante solventes, con algunos profesionales de la pantalla de la talla de Rosamund Pike, otros dejan bastante que desear.

Y algunos de estos pan sin sal están en el elenco de protagonistas, lo cual es un problema.

Nada malo que decir de Lan (Daniel Henney), Nynaeve (Zöe Robbins) o Logain (Álvaro Morte). No digamos ya de Moraine (Rosamund Pike), que hace un papelón de cuidado.

Pero qué flojitos son los cuatro protagonistas, madre del señor. Aunque hay diferencias entre ellos, en general son bastante planos en cuanto al despliegue emocional y a la interpretación. Cabe destacar a Perrin (Marcus Rutherford) que se pasa literalmente toda la primera temporada con la misma cara de no enterarse de nada, y de reaccionar de forma muy similar a cosas positivas o a las más horribles desgracias, como la que le sucede en el primer capítulo, y que no parece afectarle prácticamente nada.

También culpo en parte a los guionistas de esto último. Pero vamos, que ni él, ni Rand (Josha Stradowski), ni Egwene (Madeleine Madden) resultan demasiado creíbles en pantalla.

Y me dejo uno, que era el único al que le veía tablas: Mat Cauthon (Barney Harris). Pero resulta que el bueno de Barney ya no participa en la serie y lo han cambiado por otro actor para la segunda. ¿No sabías esto? Pincha aquí para ver la noticia publicada por Sensacine.

Atuendos medievales en Zara

La segunda gran crítica a la serie tiene que ver con el vestuario.

No sé de qué outlet se han escapado los responsables del vestuario de la serie, pero resulta casi cómico ver a un personaje en un trasunto del medievo europeo con una cazadora de piel forrada y corte slim.

El mundo de Robert Jordan es, como ya he mencionado, un medievo con influencias europeas y asiáticas, y creo que las posibilidades estilísticas de algo así son inagotables. Pero la falta de rigor en pos de la estética —y por estética me refiero a la actual mainstream— me ha sacado más de un resoplido.

Durante esta primera temporada hemos visto desfilar a gente delante de la pantalla que en una época comparable a un siglo XIV llevaba ropa impoluta. Gente que vive en el campo, que caza, pelea y se revuelca por el suelo con bastante asiduidad, y a pesar de todo llevan un outfit inmaculado de pantalones estrechillos (seguro que eran súper cómodos para arar el huerto).

No descartemos que esto no sea una conspiración de Amancio Ortega para seguir vendiendo blusas.

Historia y formato

Entremos ya en lo bueno.

Si eliminamos esos dos fallitos que, seamos sinceros, a veces sacan de la historia, nos queda una serie más que estimable, entretenida de una forma eficiente, y que se deja ver por todos aquellos a los que nos llama la atención la fantasía como género.

Para empezar, la historia es una delicia. No sé como se desarrollará en adelante porque no he leído los libros, pero Robert Jordan construye un mundo realmente interesante donde los hombres tienen prohibido el uso de la magia —es lo que pasa cuando el anterior Dragón, un hombre, la lía parda con el poder único—.

Las mujeres son, por tanto, las dueñas de dicho poder, pero no por ello dejan de enfrentarse a las injusticias de un mundo en el que también tiene presencia el machismo.

Las sacerdotisas Aes Sedai son una organización tan sumamente compleja e interesante que solo por ellas ya merecería la pena ver la serie. Su relación con sus guardianes, ese vínculo que les hace estar más unidos que cualquier otra pareja de seres humanos hasta el punto de sentir el dolor del otro, es otra capa que da una vuelta de tuerca a la complejidad de dicha institución. Y ya que hablamos de guardianes, ahí está Lan, un personaje tan bien construido como la Aes Sedai a la que protege.

Con esto, nos queda una primera temporada de diez capítulos de una hora cada uno que se fueron estrenando cada semana, y que me mantuvieron pegado a la pantalla y deseando que estrenaran el resto.

Un soplo de aire fresco en las series fantásticas. Esperemos que mantengan la altura en la próxima temporada, que ya está en marcha.

¡Nos leemos!

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