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Siega, de Neal Shusterman: una distopía que hará que te comas el coco
Portada de Siega, de Neal Shusterman

El otro día me leí Siega de Neal Shusterman.

Y es un antes y un después.

Una distopía de ciencia ficción en la que los humanos han logrado conquistar a la muerte. Nadie muere… al menos, por accidente. Porque la gente sigue teniendo que morir.

Así que hay un cuerpo institucional tipo Hacienda (¿se nota que me ha salido a pagar?) que se encarga de cribar a los seres humanos.

La Guadaña es un organismo independiente, y sus segadores son tan temidos como respetados.

Por eso, cuando uno de ellos escoge a Citra y a Rowan para que sean sus aprendices, no se alegran lo más mínimo.

Pero desde el mismo momento en que empieza su noviciado, se dan cuenta de que la vida de segador no es tan cómoda ni tan segura como pensaban.

Siega y sus reflexiones seguirán vigentes en 50 años

Si te tienes que quedar con un solo motivo para leerlo, que sea este: Siega plantea unas preguntas que son fundamentales.

Cuestiones como qué nos hace ser humanos, qué mantiene unidos nuestros lazos como sociedad, qué valor le damos a nuestra vida y en función de qué…

Y podría seguir.

Pero lo cierto es que esta historia, te guste más o menos, te hará pensar.

Como debería hacerlo cualquier género, pero que surge con asombrosa habilidad en la Ciencia Ficción, cuando nos preguntamos por aquello que aún no ha ocurrido, pero podría llegar a ocurrir.

¿Tienes poco tiempo para leer? Ningún problema

Me preocupa que hayas entendido algo equivocado del punto anterior.

Siega te hace pensar, sí, pero no es una lectura densa ni elevada.

Es justo lo contrario.

Siega es una novela ideal para adolescentes y para adultos, y lo es porque:

1. Tiene un lenguaje muy sencillo y directo.

2. Se lee rapidísimo.

Aparte de la cuestión del vocabulario, en la que, como digo, Shusterman no hace cabriolas innecesarias (como meter la palabra “cabriola” en una reseña, por ejemplo…), los capítulos son cortísimos y pasar de uno a otro tan rápido da esa sensación de velocidad que tan bien nos viene cuando tenemos poco tiempo para leer y no queremos sentirnos estancados. 

En Siega no hay personajes sonriendo como Sheldon Cooper

 

Imagino que te suena este personaje.

Y si no, la imagen hablará por sí sola.

En los libros, con cierta frecuencia me encuentro personajes que me dan la sensación de que hablan así porque su autor o autora así lo decidió.

Sí, sé que ese es el procedimiento estándar.

No, no me he fumado nada.

Me refiero a que ahora parece que todos los protagonistas tienen que ser inconformistas, o rebeldes, o lo que sea que toque. Y el escritor parece haber diseñado la personalidad antes que el pasado o la psique del personaje.

Y me encuentro cada dos por tres diálogos o acciones en los que me parece ver al autor intentando que su creación se ajuste a X o a Y.

Para mí, estos momentos de un personaje son momentos “sonrisa de Sheldon Cooper”.

Personajes forzando algo que siento que no les queda natural. Algo que tienen que decir o hacer porque es lo que toca.

Esto no solo no ocurre en Siega, sino todo lo contrario.

A pesar de contar con personajes más o menos arquetípicos, más o menos ajustados a las tendencias actuales en la construcción de personajes, todo parece adecuadamente engrasado.

Y así tiene que ser, que Sheldon solo hay uno.

¿Autoconclusivo?

Uf, difícil.

La respuesta teórica es no. Son cuatro libros (acaba de salir Cribas, que ocurre mucho tiempo después de la trilogía de El arco de la guadaña), por lo que a priori tienes que leer, como mínimo, los tres primeros.

Sin embargo, el primer libro cierra lo suficiente como para poder quedarte con buen sabor de boca y con un conflicto razonablemente cerrado.

Tendrías que echarle imaginación, por supuesto, pero eso no será problema si te gustan los finales abiertos y sugerentes.

Lo que es seguro es que no termina en un puñetero cliffhanger de esos de querer matar al autor.

¿Hay que darle una oportunidad a Neal Shusterman y a Siega?

Esto no es difícil: sí.

Este libro no solo tiene potencial y textura para enganchar a un lector de cualquier edad, sino que gustará a amantes de la Fantasía o de la Ciencia Ficción (siempre y cuando lo tuyo no sea solo la hard ci-fi).

Además, Neal Shusterman tiene una de esas cabecitas en las que merece la pena mirar. La clase de autor con imaginación y profundidad suficientes para preguntarnos si de aquí a cuarenta o a cincuenta años se le considerará un clásico de los albores del Siglo XXI.

Por si ya conocías Siega, aquí te dejo a otros tres autores a los que deberías leer si aún no lo has hecho.

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